Mar03082021

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Subidón de la luz, con crisis, pesimismo, y en verano

Columna escrita por Miguel del Río

Las malas sensaciones en la calle, sobre la marcha de España, deben basarse en argumentos y uno de ellos, aplastante, además, es el precio disparatado de la electricidad, que se nota en las casas con la llegada de cada nueva factura de la luz. Lo mismo cabe decir del choteo que genera que te marquen la hora en que tienes que poner la lavadora, cocinar, o sentarte frente al ordenador, que por cierto es una de las herramientas laborales y personales que más energía consumen.


Como antepongo, un país que se crea moderno, que esté dentro de la Unión Europea, no puede estar a estos menesteres, porque, sencillamente, no ofrecen seriedad. Desde siempre, España tiene un problema energético, al que no se termina de dar solución, y los que pagan el pato (y bien pagado) somos los consumidores. En Facebook, una amiga lo expresa así: “Entonces los molinos eólicos, ¿para qué decían que servían, para abaratar la luz o para ventilar el campo?”. Otro conocido, esta vez por wasap, me arranca una carcajada, con su reacción a la súper subida de la luz: “Cuando oí que pronto volvería el ocio nocturno, jamás pensé que sería planchar de madrugada”. El cachondeo está ahí, aunque no es para reírse ante un tema tan serio, injusto y crispante.
En las crisis energéticas, se pueden entender recomendaciones, incluso restricciones, sobre el mejor uso de los enchufes. Pero no es el caso, y lo que hay es una crisis económica general, que cada vez afecta a más personas, y por esto y otras cuestiones de simple lógica y libertad para vivir, no las puedes encima poner a planchar a las dos de la madrugada, ni hacer la colada una hora después, con la lavadora a todo meter. Hay además otra circunstancia que no parece haberse tenido en cuenta. Las noches están para dormir, para descansar, no para oír el ruido de los electrodomésticos del vecindario. Con el Covid aún a cuestas, la vacunación, la crisis, el pesimismo y las incertidumbres, más el verano a las puertas, la subida de la luz es lo último que nos faltaba.