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La ruta de ilustres homenajea a Gerardo Diego, el poeta santanderino por excelencia

La alcaldesa, Gema Igual, ha descubierto en la calle Calvo Sotelo 10, en el actual edificio de la Seguridad Social, una nueva placa de la ruta Ilustres Santander dedicada en esta ocasión a Gerardo Diego, el poeta santanderino por excelencia. Se trata de la quinta leyenda que el Ayuntamiento de la ciudad descubre dentro de este nuevo recurso turístico y que cuenta ya con las instaladas en homenaje a José María de Pereda, Augusto González Linares, Luis Quintanilla Isasi y Marcelino Sanz de Sautuola.

Acompañada por la concejala de Turismo, Miriam Díaz, el nieto de Gerardo Diego, Juan Cuesta Diego, y varios miembros de la Fundación, Gema Igual ha calificado de “un honor y un orgullo” para Santander situar su origen, ese espacio que ocupó sus primeros años de vida y donde se gestó el poeta que asombraría al mundo y a su ciudad natal, que siempre le estará eternamente agradecida.

“Diego, es muchos Diegos. Pero yo de todos ellos me quedo con ese enamorado de Santander, una ciudad que amó indefectiblemente y a la que dedicó obras que ya han trascendido el espacio y el tiempo y se han instalado en la inmortalidad”, ha subrayado.

Por ello, ha puesto en valor la figura de este poeta y ha destacado su importancia dentro de esta ruta, un nuevo recurso turístico y cultural para recorrer Santander bajo otra mirada, en este caso siguiendo los pasos de las relevantes personalidades que dejaron su impronta en la ciudad.

“Queríamos rescatar del recuerdo a aquellas personas interesantes que hicieron algo sobresaliente en su campo, ya sea porque fueron pioneros en lo suyo o por la relevancia del trabajo realizado, vinculadas al ámbito cultural, artístico, científico o social y que nacieron, vivieron o trabajaron en la ciudad de Santander”, ha resaltado.

Tal y como ha detallado Igual, en la primera fase del proyecto, que consta de 15 puntos y estará finalizada el 1 de julio, también se reconocerá a María Blanchard, que nació en la calle Santa Lucía 32; a Concha Espina, en la calle Méndez Nuñez 4; a Benito Pérez Galdós, que veraneó en una casa que estaba situada en la Avenida Reina Victoria 103-105; o a Marcelino Menéndez Pelayo, en su valiosa Biblioteca de nombre homónimo en la calle Gravina.

El listado de Ilustres continúa con Gerardo Diego, que nació en la calle Atarazanas 7, (actualmente Plaza Atarazanas); la pintora Leonora Carrington, en el Parque del Doctor Morales donde se encontraba el psiquiátrico donde estuvo ingresada dos años; o el cirujano Enrique Diego-Madrazo, que falleció en una casa de la calle Castelar 7.

En esta primera fase también se homenajeará al poeta José Hierro, que vivió en la casa de la calle Cádiz 20; la fotógrafa María García del Moral, que montó su estudio de fotografía en la calle Gravina 7; la escritora y activista que luchó por los derechos de la mujer Ana María Cagigal que trabajó en el periódico ‘La Voz de Cantabria’ ubicado en la calle San José, 15; y el pianista y director de orquesta Ataúlfo Argenta, en la Plaza Porticada.

La iniciativa se irá ampliando con el tiempo, estando ya prevista una segunda fase que incluirá personalidades como el párroco de la iglesia de Santa Lucía Sixto de Córdova, que vivió en Daoíz y Velarde 13; la religiosa Sor Ramona Ormazábal, en el Parlamento de Cantabria; y el industrial, naviero y banquero, Juan Pombo, Marqués de Casa Pombo, en el Palacio donde se ubica el Real Club de Regatas (Plaza Pombo 3), entre otras.

Sobre Gerardo Diego

Nacido en Santander el 3 de octubre de 1896, el domicilio familiar ocupaba la mano izquierda de la cuarta planta de la actual calle Calvo Sotelo que en aquel tiempo se llamaba Atarazanas. En la esquina noreste el bajo del edificio, su padre, Manuel Diego Barquín, tenía una tienda de tejidos. En el incendio de 1941 el edificio y toda la zona centro de la ciudad de Santander quedaron borrados.

El número 7, formaba una manzana con el 3 y el 5, que en el trazado urbano actual, ocuparía aproximadamente la manzana del número 8 y 10 de la calle Calvo Sotelo. La calle Atarazanas era una calle comercial, con un mercado de pescado, que iba desde la Plaza Nueva donde estaba el Ayuntamiento hasta la Cuesta del Hospital.

En un artículo titulado «Historia de una manzana», publicado en ABC el 4 de abril de 1975, Gerardo Diego recordó las asociaciones literarias de cada uno de los edificios de su calle. En el número 3, había una fonda, donde cuenta que se conocieron por primera vez en 1871 Pereda y Galdós, en el número 5, estaba instalada la familia del notario Higinio Camino, padre de León Felipe, y en el número 7, la familia de Gerardo Diego.

Gerardo Diego siempre recordó con cariño al barrio de su infancia. De hecho, sus «jinojepas», poemas que eran «burlas de buen humor y sin veneno dentro», las firmó con el seudónimo de Jaime de Atarazanas.

En 1961 Gerardo Diego publicó el libro Mi Santander, mi cuna, mi palabra, en el que reunió poemas inspirados o sugeridos por su ciudad natal y la provincia. Recuerdos de infancia y juventud vividos en la ciudad, experiencias del paisaje (del mar cantábrico, de la montaña), evocaciones y homenajes a amigos vinculados a Santander, a los juegos de la infancia, a sus nueve hermanos y a la tienda familiar de tejidos que ocupaba el bajo de la casa natal.