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Última actualizaciónMar, 29 Sep 2020 12pm

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Sobre la conducción imprudente tras el confinamiento

Columna escrita por Miguel del Río

Como antes del confinamiento, ¿conducimos igual por nuestras ciudades? Es algo en lo que me fijo últimamente, también por mi propia seguridad, ya que hay días en que veo imprudencias al volante que me atrevo a describir como alucinantes. Empiezo comentando la excesiva velocidad. Cito a continuación lo de circular en sentido contrario. Y concluyo con las broncas absurdas en que se enzarzan ciertos conductores. Es un hecho que las ciudades están expulsando a los coches, aunque los propietarios de vehículos bien que pagan impuestos. De tal manera, ahora se nota especialmente cualquier barrabasada que se cometa en la circulación rodada.

Un mal ejemplo son todos estos que pisan a tope el acelerador. Se da incluso la circunstancia de que empiezan a proliferar en ciertas calles los carteles colocados por vecinos, en los que se recuerda que por esa zona hay que ir despacio. Esto avala mi tesis de que la circulación actual no tiene que ver con la anterior al confinamiento, y que la pandemia influye para mal en determinados conductores que, al igual que puede ocurrir con la mascarilla, desoyen las señales de circulación. Seguro que la DGT no ha tenido aún tiempo de evaluar el asunto, con lo que no queda otra que intensificar las campañas de seguridad vial en esta nueva normalidad. Insisto en que las ciudades se han estrechado mucho, en el sentido de utilizar mismos espacios para demasiadas cuestiones, desde coches, aparcamientos de pago, viandantes o bicicletas. Entiendo que la intención urbanística es hacer ciudades saludables, pero alguien no ha caído en que mucho del tiempo lo ocupamos en trabajar. Para ello, comercios y tiendas necesitan de la logística del transporte que les reparta en la puerta las mercancías que necesitan. De otra manera, ¿de qué viviríamos? Con hacer cómodas y placenteras las calles para personas y bicis, parece como si no existiera más. Y entonces te topas con la realidad de que se convive también con un tráfico intenso, de atascos, que incluye a estresados conductores que, por las prisas que tienen, parecen seguir afectados por la cuarentena del Covid.