Mié30092020

Última actualizaciónMar, 29 Sep 2020 12pm

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Más hacerlo bien y menos rajar de rebrotes

Columna escrita por Miguel del Río

Manda carallo que nos atrevamos a presagiar lo que va a ocurrir con el coronavirus tras acabar el verano, mayormente todo pesimista, pero no seamos capaces ahora mismo de hacer las cosas bien, para que frenen los contagios y no se produzcan rebrotes. Claro como el agua que estamos excesivamente confiados. No hablemos ya lo de la chavalería con los penosos vídeos de marcha y más marcha, que, poco listucos, graban y difunden por las redes ellos mismos.

La juventud, como antes hemos hecho otros, tiene todo el derecho a divertirse. Lo que sucede es que hay que mostrar el debido respeto a las recomendaciones sanitarias, y por descontado introduzco el recuerdo permanente que deberíamos tener hacia las miles de víctimas del coronavirus. Creo con total seguridad que el mejor homenaje que les podemos ofrecer es terminar con la pandemia cuanto antes, y para ello resulta primordial una implicación ciudadana total, a lo coreano.

Sin duda, este de 2020 va a ser un verano triste por lo sucedido. También porque fiestas y otras celebraciones quedan aparcadas, hasta la llegada de tiempos mejores. Es como hay que hacerlo, con responsabilidad. Todos los sectores deben conjurarse para superar esta negra etapa en la vida de España. El gran trabajo llevado a cabo por nuestros sanitarios tampoco puede caer en saco roto, por imprudencias que no debemos permitir. En un país tan acostumbrado a la jarana, no va a ser tarea fácil frenar las tentaciones en estos meses calurosos. Con criticar las imágenes que vemos por televisión o nos mandan por wasap, no basta. Los ciudadanos debemos implicarnos con nuestra seguridad. La mejor forma es colaborar con la concienciación general sobre las reglas básicas para esquivar el Covid-19. No debería ser tan difícil cumplir con el distanciamiento social, usar las mascarillas adecuadamente, lavarse mucho las manos y evitar nuestra participación en saraos que supongan masificación de personas. Poco de todo esto se hace bien. Por eso los agoreros rajan de rebrotes en otoño. Son evitables si cada uno cumple, aunque, por descontado, es mucho pedir.