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Última actualizaciónDom, 26 May 2019 1pm

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“Eutanasia”: temporada 1, capítulo 2

Columna escrita por José Ángel San Martín

La realidad vuelve a superar a la ficción. En pleno reinado seriéfilo acaba de irrumpir “Eutanasia”, protagonizada por Ángel Hernández y estrenada en todas las televisiones el pasado 4 de abril. El primer capítulo mostró el último acto de la esposa de Hernández, María José Carrasco. Ella sorbió el líquido que finalizaría, quizás plácidamente, con su vida. Acabaron 30 años de esclerosis de ella y empezó un año triunfal de él.

Dudar de la bonhomía de Ángel sería injusto. Criticar su artificiosidad es obligado. Algo del “atrezzo”, una parte de la sobreactuación y ciertos reflejos pseudoactorales chirrían en la inacabable repetición del suicidio que aturde desde entonces al país. El capítulo 1 de "Eutanasia" se estrenó en el mejor momento para la opinión pública, hipersensibilizada ante la muerte digna. Y en el peor momento para estas españas embarradas en una tosca campaña electoral.

El capítulo 1 finalizó con la libertad provisional de Hernández y su encausamiento como inductor o cooperador al suicidio. Lo que no sabíamos entonces es que el capítulo 2 superaría cualquier guión excelso: Ángel Hernández pasaría a depender de un Juzgado de Violencia de Género. Insólito.

La serie se está rodando en España, país donde abundan los juzgados de violencia de género casi tanto como las tiendas de chinos o las panaderías. Y se emite, a diferencia de “Juego de Tronos”, casi en tiempo real. Este segundo capítulo mantiene en vilo a la millonaria audiencia, mayoritariamente indignada por la cobardía del juez que se deshizo del caso.

Hernández pasa las noches sin dormir, dosifica su indignación y hace declaraciones como quien hace la compra. En un país huérfano de héroes mundanos, Ángel uno de ellos. El capítulo 3 nos dará pistas. Porque Hernández, como el gran periodista Miguel Ángel Aguilar, está dispuesto a aprender mucho Derecho. Pero sentado en el banquillo de los acusados.

Jarmusch dejó escrito que la vida no tiene argumento. Pero a Hernández le sobran argumentos y le faltan cámaras a las que enternecer con su soledad inocente. Ángel entregó los mejores años de su vida a María José y apalabró el final de la de su mujer. Entre el capítulo 1 y el 2, “El intermedio” del Gran Wyoming, intermedió para grabar los minutos que siguieron al suicidio. Oportunísimo y oportunista.

El personal aguarda nuevos capítulos y pronostica un libro. Porque lo demanda el serio mercado de las series televisivas. Ojalá se haga seriamente.
@JAngelSanMartin