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Ciclistas de la política (pájara ciudadana)

Columna escrita por Fernando Collado

El ciclismo ha emocionado tanto estos días en Cantabria como ha decepcionado la política (aquí y allá). Cambiar de Teledeporte a los informativos u hojear los periódicos es una tortura para el intelecto. Lo del Parlament, por ejemplo, es un circo que nadie entiende. Ilegal, pero circo al fin y al cabo. Con trapecistas, payasos, elefantes de pata gruesa y algún saltimbanqui. Acaba de comenzar el curso político y el Tribunal Constitucional podría dar suspenso general: hay vacaciones que no aclaran las mentes ni las conciencias.


En Cantabria todo el mundo se empeña en hacerle la etapa llana al PRC, que tiene el mejor esprínter, va sin cadena, escapado y con tiempo para comerse un helado en alguna cumbre, al estilo de Bahamontes. El PP cántabro, por su parte, afronta duras etapas de montaña con parte de sus excorredores poniendo chinchetas. Y todo desde que su antiguo líder decidiera desoír las órdenes de equipo como si fuera Warren Barguil.
Además el PSC-PSOE arrostra lo que parece una contrarreloj con muchos cambios en el equipo y sin haber decidido aún, o eso deja traslucir, los desarrollos a emplear: baldeo en mano las cosas irán mal. De otro lado, Ciudadanos evidencia un problema importante de dorsales, con la burra a brincos entre los que había y los que llegan. Sumen la gota gorda que deberán sudar para abarloar en buen puerto allá por 2019, o llegar a la meta en condiciones, si lo prefieren. Tal año parece lejos, pero está más cerca de lo que algunos creen.
Podemos, como es tradición, se supone que discutirá hasta por el color de los maillots que presente el equipo. Y es muy posible que inventen uno que no esté en la gama cromática.
En definitiva: nuevo curso con viejo discurso, pero acentuado y hasta estrujado. Demasiado para el cuerpo flaco del verdadero sufridor de la ruta: el ciudadano perturbado, malhumorado y cabreado al que agosto dejó sin blanca.