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Banca, comercios, y escasez de moneda para cambios

Columna escrita por Miguel del Río

Lo de la retirada de la banca en cuanto a tener oficinas y empleados, tiene una gran cantidad de daños directos y colaterales que van apareciendo hasta que, al final, se convierta en una lista demasiado extensa de inconvenientes. Así me lo comentan amigos, propietarios de pequeños y variados comercios, y que cada vez encuentran más dificultades para hacerse con cambio, sean billetes o monedas, ya que ahora no lo tienen fácil como cuando existían sucursales bancarias en cada esquina.

La digitalización de la sociedad es lo que impera, pero las personas vivimos del trabajo en las empresas y del comercio representado por multitud de tiendas. Ese comercio se mueve con dinero, y si como sucede en Cantabria, ya no hay sede del Banco de España (hay que ir a Bilbao), y los bancos cierran sucursales, es todo un callejón sin salida para los comerciantes poder hacerse diariamente con cambio que utilizar en sus negocios. Es lo que sucede cuando la casa se empieza por el tejado y no por los cimientos. Una cosa es modernizar y otra muy distinta obstaculizar, que viene a ser esto de no encontrar moneda con la que dar cambios en los miles y miles de pagos que se hacen a diario en este país.

Esto que ocurre, no basta con ponerlo de manifiesto, hay que solucionarlo. Los pequeños comerciantes ya tienen bastante con la pandemia, la crisis, y con el aforo de clientes que se pueden permitir, como para que encima tengan zancadillas con esto del cambio. Los impuestos se pagan para algo, principalmente para contar con servicios. Mientras el dinero siga vigente, los cajeros automáticos no pueden ser la única opción de tenerlo, lo mismo digo de pagar con tarjeta o el móvil, como se nos quiere imponer. Por eso no tiene sentido ir tan deprisa en ciertos cambios o hábitos, sin contar para nada con las preferencias de la calle. La banca tiene que replantearse los déficits en los que ha incurrido al convertirse en formato online, sin contar con las necesidades de sus clientes, que, a fin de cuentas, son los dueños reales del dinero.